Aviso: se viene edición hippie de nuevo, con pocos hacks de vida que te solucionen el problema de querer hacer más y más rápido.
Lo poco que sé sobre eso ya lo conté aquí.
Aviso 2: En realidad, lo que te cuento debajo es el mejor hack de vida que te puedo compartir hoy.
El ser humano ha inventado muchas cosas abominables: el chaleco, Ryanair, el flamenco, las papas arrugadas, escribir xD para compartir que te ríes, el Fútbol 7, Instagram, las despedidas de soltero, el mentiroso a ver si nos vemos.
Pero ninguna de estas fechorías se acerca a la peor idea de nuestra historia:
A dónde irás con tanta prisa como para necesitar pulsar (varias veces y de forma compulsiva) el botón de cerrar la puerta del ascensor.
Qué pasará en tu vida para querer evitar los tres segundos que tarda la puerta en cerrarse sola.
Dicen que muchas veces ni funciona, es solo para poder quitarnos la estúpida ansiedad que llevamos encima.
Me gusta la idea de una conspiración de los fabricantes de ascensores, para vacilarnos con un botón que no funciona.
Este maldito botón es el resumen del mundo moderno.
No sabes realmente lo rápido que circulas hasta que aparece un jabalí en la carretera.
Es ahí, al frenar en seco, donde algo sucede: suspiro de alivio o sesos contra el cristal.
Mi jabalí ha aparecido con dos prácticas: meditar y ser padre.
La quietud te mide el pulso
Mantenerse inmóvil durante 20 minutos es hoy una práctica al alcance de pocos.
El único consejo que le daría a alguien es este: estáte quieto.
Lo digo en serio: para y mírate, a ver qué hay.
Yo a veces no lo consigo. Voy tan acelerado de mente y cuerpo que literalmente soy incapaz de mantenerme inmóvil.
Así descubro que toca parar más, quitarme ruido.
Y ni siquiera hablo de un estrés grave. Nunca es por problemas serios. Simplemente por ideas que estoy pensando, cosas que me apetece hacer.
La anticipación de un futuro bonito.
Nace más de la ilusión que de la angustia, por suerte.
No es un estrés que quiera matar, solo controlar.
La paternidad indica tu velocidad media
Un niño te pone la realidad de frente, porque está fuera de ella.
Presencio todos los días pequeños momentos de ansiedad en los padres, porque quieren que su hijo vaya más rápido, o que no se pare.
Como si el crío tuviera necesidad o intención de ir a algún sitio, ya ves tú.
Estoy seguro de que las palabras que más escucha un menor de 4 años están en dentro de estas categorías:
No, deja eso, ten cuidado, te vas a caer, no lo toques, verás como la tenemos, te vas a hacer daño, estáte quieto, para un poco, me voy a enfadar.
Venga, vamos, anda, sigue, sube, baja, llegamos tarde, avanza, apártate, deja pasar, corre, ahora no, mañana, luego, más rápido.
Por resumir: a ver si aprendes rápido a correr, que aquí todo el mundo tiene mucha prisa para llegar a algún sitio.
Y luego está la “relación” del niño con los demás.
Adultos que sufren cuando tienen niños delante para subir una escalera o andar por un pasillo.
Quieren esquivarlos, adelantarlos, que se aparten cuanto antes.
Que tenemos prisa, chiquillo. No tenemos tiempo para verte mirar el avión del cielo, coger una flor o lo que sea que hagas para ser consciente del mundo que te rodea.
Nosotros lo queremos es subir rápido al mirador, que tenemos reserva para comer.
La velocidad de crucero es innegociable.
Sin embargo, la realidad es esta:
Nada de lo que merece la pena en la vida se consigue con prisa.
No encontrarás una persona que haya tenido éxito en algún ámbito que te interese que declare que lo ha conseguido por tener mucha prisa, por ir rápido.
Nunca la ansiedad y la angustia han sido requisito para nada, solo venenosas compañeras.
Frenar como parte del plan, no como premio al terminar
Ahora que empieza nueva temporada, con propósitos renovados, revisiones, pendientes, tareas, listas y demás cosas que hacemos para añadir, para ir más rápido, te animo a incorporar algo importante:
Definir medidores de velocidad y palancas de freno.
Esto no significa renunciar a nada. Yo sigo teniendo metas, mantengo mi plan del año, mis ilusiones y mis deseos.
No disminuye mi ambición, solo la mantengo saludable.
Ahora en mi plan hay momentos y herramientas para sentarme a la sombra y beber un poco de agua antes de continuar caminando.
Frenando avanzas más rápido.
Te lo dice alguien que en febrero de 2020 se desmayó en su oficina.
Diagnóstico: síncope por estrés.
Pero yo lo último que sentía era estrés.
Simplemente no era consciente de mi velocidad de crucero; mi atención siempre estaba en otra cosa que no era yo.
En el puto botón del ascensor, por ejemplo.
Por favor, conviértete en el tipo de persona que no cae en esa trampa del diablo.
Y si puedes, tampoco saques el móvil.
PD. Hambrientos iba a ser una oda a la vida, pero el mundo me obliga a pasar primero por el somos idiotas, y no sé cuándo saldré de aquí. Te pido disculpas.



