Cómo construir el año que mereces III
Objetivos, Sistemas y Memeces
Venga, que entre roscones y vuelta a la rutina se nos va enero, y tenemos un año que construir.
Si me hiciste caso en la edición anterior, has dado ya los primeros pasos para dejar de vivir por defecto.
Has pensado en ti, tus prioridades, tu filosofía, lo que quieres ser.
Comienzas a tener una dirección, y eso es lo mejor que te puede pasar.
Más independencia, autonomía, libertad. Más claridad.
Igual tienes algo extra de motivación, aunque esto será irrelevante en pocas semanas, ya hablaremos.
Hoy te quiero meter en la cabeza tres ideas simples, pero importantes. Serán la base para que definas qué quieres que pase en tu 2026.
1. Tener un propósito es una estupidez.
No sé cuándo se puso de moda, pero está en el TOP 3 memeces de la última década, junto con las chaquetas acolchadas y el chorizo vegano.
Te explico por qué.
Lo de encontrar un propósito y vivir para conseguirlo pone el foco en lo que haces. De repente, estás predestinado a conseguir algo. Da igual si es vender acelgas o salvar mapaches. El valor está en el hito que logras.
Y esto no te ayuda a construir el año que mereces.
Porque el foco debe estar en ti. La persona que quieres ser es lo relevante.
Quién eres y en quién quieres convertirte.
Si eso lo consigues ayudando en Uganda o leyendo en un monasterio será otro tema.
Pero tu propósito siempre debes ser tú, joder.
Si luego viene la llamada de Dios, de la selva o de tu jefe será otra historia.
Aprende de los aviones: te pones la mascarilla primero y luego ya te centras en lo que puedes hacer.
Así que eso de encontrar tu propósito, al palco.
Tu atención y energía deben ponerse en lo que quieres ser.
2. Marcarse objetivos es de novatos.
De primero de diseñador de años.
Ponerse objetivos tipo “comer mejor” o “hacer más ejercicio” ya suena hasta vintage.
Te ahorraré años de travesía (que he pasado) y te diré: ponerte objetivos debe ser el 10% del 2026 que quieres para ti.
Montar un año basado en objetivos tiene solo dos posibles finales:
Los consigues. Pues genial, algo de celebración, y vuelta a la rueda a buscar otros nuevos, que sean factibles y a la vez motivantes.
No los consigues (lo habitual). Frustración. Desesperación. Abandono. Los mantienes, y ves que te persiguen durante años. Los cambias, pero no cambias tú, y sigues sin moverte,
Es un juego finito en el que, como mucho, pierdes poco.
Los objetivos, como el tofu: con moderación.
3. Los sistemas te hacen mejorar.
No hay línea de meta. Siempre corres.
Cuanto más corras, más avanzas hacia la persona que quieres ser.
Los sistemas no tienen fin; que termine un año será irrelevante.
El marcador se cuida solo, tú solo debes centrarte en cumplir el proceso.
Un día. Una semana. Un mes. Y vuelta a empezar.
No quieres “estar más sano”.
Quieres levantar pesas los lunes, miércoles y viernes de 10 a 11 y salir a correr los sábados después de desayunar.
Quieres “comer mal” solo los sábados por la noche.
Quieres dar 10.000 pasos al menos 25 días al mes.
Esto nunca termina. Los lunes siempre vuelven, y con ellos tu sistema se activa.
Cumplir con tus sistemas te hará cumplir con tus metas.
En la próxima lección veremos cómo conseguir que tu sistema funcione el mayor número de veces posible, pero lo que te toca ahora es diseñarlos.
¿Qué sistema necesitas arrancar para acercarte a la persona que quieres ser?
Eso es lo que te toca responder ahora.
Extra: La combinación perfecta.
En los últimos años he ido añadiendo sistemas a mi vida, que me han permitido mejorar en muchos aspectos donde antes era un desastre.
En algún momento, añadí una norma clara:
Todos mis objetivos deben alimentar mis sistemas.
Te pongo un ejemplo propio, que vendrás de la LOGSE:
Uno de mis retos más importantes este año es ganar músculo.
Desnudo, parezco un personaje de Tim Burton.
Nunca he tenido problemas con esto, pero mi niño ya pasa los 15 kilos y las cabalgatas de Reyes cada vez son más largas; necesito poder tenerle en hombros sin llorar.
Si va a verme llorar, que sea cuando se matricule en Turismo.
Total, que ya tengo mi sistema en marcha para que me confundan con el monitor del gimnasio en unos meses.
Además, le he metido un objetivo que lo alimenta: Terminar una Spartan Race (10km, 25 obstáculos) sin hacer el ridículo, dentro de 5 meses.
El objetivo me ayudará a motivarme y terminará, pero el sistema seguirá.
Me será irrelevante si ya tengo músculo o si no entro por la puerta.
Soy un soldado: mi sistema nunca acaba y yo haré ejercicio de fuerza hasta que me muera. O hasta que mi hijo me llame bro, que es lo mismo.
Diseña tus sistemas, busca objetivos que los alimenten, y coge fuerzas.
La próxima edición te ayudaré a no fallar y, sobre todo, a no olvidar la dirección que quieres tomar.
PD. Tic tac, tic tac.

